LA JAÑONA

Peñaparda en el corazón

No pretendo en mi intervención hablar de Peñaparda, porque para ser honesta hay muchos de mis paisanos que lo saben hacer mejor que yo. Pero, sí quiero expresar lo que mi pueblo significa y representa en mi vida. Tampoco quiero escribir mi biografía, sólo decir que no nací y no crecí en Peñaparda. Soy hija de emigrantes. Mis padres, como muchos de mi pueblo, en los años cincuenta emprendieron el camino rumbo a Francia, en busca de algún trabajo que les proporcionara una mejor situación económica.

Mis estancias en Peñaparda, apenas superan los dos meses al año. Pero, soy de Peñaparda. ¡Así lo siento! Peñaparda son mis raíces, mi familia, mis tradiciones, mis costumbres, mi cultura, en una palabra: mi identidad. Peñaparda, son esas vivencias tan llenas de humanidad pero también de obstáculos que me contaban y me siguen comando mis padres. Historias que respiran sabiduría popular y valores eternos. Hoy se habla mucho de la crisis de la educación y de los problemas y dificultades a los que nos enfrentamos los padres a la hora de educar a nuestros hijos. Tengo dos hijas de trece y ocho años a las que intento inculcar su cultura de origen. Me empeño día tras día en apoyarme en los valores seguros de la tradición. La riqueza de una tradición cultural como la de Peñaparda es un punto de partida fundamental para captar el valor de! presente, para comprender la diversidad de otras culturas y poder aportar una contribución original a la construcción del bien común. Cuando alguien renuncia a educar, o simplemente deja de hacerlo es porque ha perdido el gusto por su propia cultura y no sabe ofrecerla ya como una hipótesis válida de significado para sus hijos. Eso es lo que representa Peñaparda; una fuente de valores y principios heredados de mis padres y que se han venido heredando de una generación a otra. Este es el principal legado que quiero transmitir a mis hijas, por encima de cualquier cosa. El conocimiento de nuestra propia cultura esencial nos lleva a la comprensión y a la tolerancia de otras culturas y otras tradiciones. La tolerancia es una virtud que dignifica mucho a la persona, a la vez que la enriquece y le permite abrirse al mundo.

No quiero para mis hijas fríos y desalmados árboles genealógicos sacados de polvorientos registros; quiero para ellas cálidas historias salidas de gargantas cantarinas. Espero que en un futuro medianamente lejano siga habiendo alguna ancianita sentada en el umbral de su puerta para preguntarles a mis nietos: "¿De quién sois?". Puede que peque de romántica o tal vez de ilusa, pero me gusta apostar por la continuidad y la revalorización de nuestra esencia. Por eso sueño con que un día mis nietos sientan mi presencia en el murmullo del viento y en el silencio de las piedras como yo siento la de mis abuelos.

Para mi pueblo, para mi gente, con mucho cariño. Mari Carmen Mateos López

 

Número 2

Revista Cultural de Peñaparda