LA JAÑONA

De nuevo la palabra

Justo cuando el otoño toma por sorpresa las copas de los árboles y los va desnudando sin prisa, provocando un lluvia lenta y polícroma de ocres, dorados y rojizos. En estas tardes cadenciosas y silentes, de paseos vespertinos mullidos de hojas. En estas tardes que buscamos las solanas para reconfortarnos un poco con la luz anaranjada del sol de noviembre.

En estos días de cafés con leche calientes y revueltos de setas y hongos. Justo cuando los huertos huelen a manzanas y mostajas, a humedad y castañas. Justo cuando el viento y el frío nos acechan, y sin damos cuenta nos reúnen en torno a las chimeneas. Ahora que al final de la pasilera nos espera el invierno con sus ritos y sus fiestas, nosotros salimos del letargo, nos echamos de nuevo a la senda, nos hacemos presentes con una nueva entrega de la JAÑONA. Bienvenidos sean todos de nuevo.

Que vaya cada cual por donde quiera, nosotros seguimos buscando la verdad y la belleza. Mantenemos las formas, el espíritu y la letra, nos sigue gustando hacer las cosas bien hechas, con la suavidad de las caricias maternas, con el calor de las manos artesanas, que humilde y orgullosamente trabajan y se afanan, que sencillamente dan vida a la materia inanimada.

Amamos el pueblo, los pueblos, la gente que nos ha enseñado que la dignidad ni se compra en centros comerciales, ni se vende en remotos paraísos irreales. Tenemos el ejemplo en padres y abuelos, que han sabido honradamente ganarse la vida cuando no tenían otra cosa que los caminos abiertos. Esos son nuestros ídolos, las personas sensatas, normales y humanas que supieron vivir alegremente sin jamás pisar a nadie. Ofrecemos otra vez, queridos vecinos y amigos, un ramo de palabras, un ramillete silvestre hecho de flores diversas, cada una con su color, su olor, su sabiduría y su destreza. Una pequeña hornada de palabras recientes, sin artificios ni pamplinas virtuales, auténticas como un rescaño de pan de pueblo.

En fin que seguimos haciendo lo que sabemos, que intentamos hacer lo que creemos, que nuestras manos dispuestas ni fingen ni aparentan, que desde este minúsculo rincón del planeta tierra, seguimos utilizando la literatura como bálsamo y alerta, la hoja de roble que ondea en nuestras sierras como única bandera.

Juan Antonio Sánchez Hernández (Entusiasta de este proyecto)

 

Número 2

Revista Cultural de Peñaparda